Tao significa “principio”, “origen”. Es la causa sin causa, principio y fin de todo lo manifestado, presente en todas las religiones y filosofías trascendentales. De ahí su equiparación a la idea de camino o ley universal, un camino circular que parte y termina en un mismo punto: el Tao. Un camino por el que transitan todos los seres hasta su reabsorción en el Tao que les dio origen.
El Tao Te King es un texto escueto pero profundo atribuido a Lao-Tsé. El Tao es la fuente de todos los seres, el principio absoluto y sin forma que los conforma, les da nacimiento y les otorga una forma. Y el Te, la fuerza que los alimenta, que los nutre, que los hace crecer, hasta que, llegado el momento de máximo desarrollo, esta fuerza se retira e inicia su declive natural.
En el inicio mismo del Tao Te King, Lao-Tsé ya nos previene de que existe un Tao permanente y un Tao que no lo es. Está trazando una diferenciación entre un Tao innombrable, incognoscible, inaprensible, una causa sin causa, un absoluto, un origen primordial, no sujeto al tiempo ni al espacio, eterno, sin comienzo ni final; y otro Tao al que podríamos considerar como una emanación del primero, susceptible de ser comprendido y conocido por nuestra mente, que contendría las semillas de la manifestación y a partir del cual devendría la existencia de nuestro universo y de los seres en él contenidos. Este segundo Tao es el principio del tiempo y del espacio, e imagen de la unidad del caos primordial. Se corresponde con el símbolo del huevo cósmico, presente en infinidad de religiones, de cuya eclosión surge el cosmos. Obviamente, todo cuanto podamos decir está referido a este Tao impermanente.
Estos dos principios, yin y yang, aparecen siempre unidos y no se pueden disociar, son las dos caras de una misma moneda, dos aspectos de una misma y única realidad, que es el Tao. Si miramos a nuestro alrededor, comprobaremos que toda la Naturaleza está polarizada, pero todo cuanto existe contiene en sí mismo, a su vez, ese doble principio, en una repetición constante hasta el infinito, desde lo más grande hasta lo más pequeño. Así, vemos que el cielo es yang y la tierra yin. Pero a su vez en el cielo está expresada la dualidad en el Sol (yang) y la Luna (yin). Y en la tierra se puede distinguir la tierra y el agua, en las que también está representada la dualidad en los montes y los valles, y en los ríos y los mares. Esto se simboliza en la figura circular del Tao, dividida en dos partes, una blanca y otra negra. Cada una de ellas contiene a su vez la semilla de su contrario, expresada en un pequeño círculo del color opuesto.
Esta continua y múltiple división del universo en el que nos desenvolvemos transforma nuestro entorno en un mundo dual lleno de relatividades, en el que nada es categóricamente cierto sino para nuestra propia subjetividad, que inevitablemente participa de esa dimensión dual. Cuando nosotros decimos cerca, estamos afirmando lejos. Cuando decimos alto, estamos afirmando bajo. Y cuando decimos grande, estamos afirmando pequeño. Pero en todos los casos estamos estableciendo inconscientemente comparaciones. Nada es absolutamente cercano, alto o grande, sino con relación a algo ajeno a sí mismo, lo que nos devuelve siempre al mundo de lo dual. Solo el Tao contiene todos los atributos en su grado máximo, porque es absoluto, y por consiguiente, es lo único real. Todo lo que está manifestado es relativo y participa de esos atributos divinos en mayor o menor proporción. Por eso se afirma que Dios está en todas las cosas.
Es nuestra percepción del mundo a través de los sentidos la que desvirtúa la auténtica realidad unitaria del Tao, que yace latente detrás de todas las cosas. Es la mente la que nos hace ver la Naturaleza como disgregada y diversa, haciéndonos perder la noción de unidad. Para el Tao no hay dualidad, esa dualidad no existe, es una ilusión de nuestra mente. En su esencia, todo es uno; sólo en su existencia se convierte en múltiple. La mente juzga según juicios previos que no son reales, por cuanto dependen de la posición relativa del observador.
La doctrina del Tao propone una forma de acción que trasciende esa dualidad. Los grandes maestros de la Humanidad siempre han amado por igual a todos los seres, sin distinciones. Para el Tao, no hay un ser que sea más importante que otro. Somos nosotros los que, con nuestros intereses y deseos, consideramos unas cosas mejores, más agradables o más importantes que otras. Así, nuestra conducta se guía por lo que me gusta, lo que no me gusta; lo mío, lo de aquel; lo que quiero, lo que no quiero, lo que nos hace estar actuando continuamente fuera del Tao.
Quienes han comprendido el Tao actúan por igual con todos los seres. Esto es lo que está en la raíz de todas las religiones: no hacer distinción entre los seres. Lógicamente, resulta una meta a alcanzar. Como seres humanos dotados de voluntad y libertad, tenemos la capacidad de elegir entre actuar o no conforme al Tao. La diferencia entre un hombre común, como nosotros, y un sabio, reside, entre otras cosas, en nuestro concepto de libertad. Para el sabio, la libertad no consiste en hacer esto o aquello, sino en plegarse a la voluntad del Tao.
¿Qué es el camino del Tao?
El camino del Tao es una filosofía espiritual basada en el taoísmo pero que influye en otros sistemas o creencias religiosas orientales, como el budismo zen, el confucionismo o la religión tradicional china. El origen de la palabra Tao es chino y significa “camino o vía”, así que el nombre con que se le conoce en occidente “el camino del Tao” es redundante.
¿En qué se basa el camino del Tao?
El camino del Tao posteriormente ha sido influenciado a su vez por diferentes fuentes y contextos religiosos de la rica espiritualidad oriental. Pero todos tienen en común la búsqueda de armonía con los constantes cambios de la vida.
Además también se basa en la importancia de armonizar la voluntad de uno con la naturaleza. Lo cual se consigue con la práctica cotidiana de la meditación y siguiendo las normas de la moral (en el concepto de la virtud del Tao) con el fin de lograr la “acción sin esfuerzo” (Wu wei) Base también del budismo chino y el confucionismo influenciado por este sistema espiritual.
Principios básicos del camino del Tao
Como decíamos, el camino del Tao tiene diferentes visiones. En algunos aspectos según el contexto religioso en los que se inscribe esta filosofía espiritual.
- El Daodejing y el Zhuangzi , tales como conexión con los ciclos naturales, la vitalidad, la paz.
- El wu wei “la no-acción” o “esfuerzo sin esfuerzo”.
- El desapego de las cosas materiales y no identificación con el cuerpo, como verdadero yo o a ideas o posturas.
- Los que siguen el camino del Tao buscan hacerse uno con él.
- La flexibilidad, la receptividad, la sinceridad, la moderación.
- Formas de hablar y guiarse virtuosas además de amables con la vida.
- Mantener el equilibrio del Yin Yang actualizando el orden natural en su interior a través de prácticas como la meditación, taichi, chikung, etc.
La visión del ser humano por el camino del Tao
Básicamente el camino del Tao considera al ser humano como un microcosmos que contiene toda la esencia del universo en sí misma. Representado en el “Wu Xing” los cinco elementos chinos (madera, fuego, tierra, metal, agua) simbolizados en los cinco órganos, se correlacionan con los cinco elementos, las cinco direcciones y las estaciones. Por ejemplo, según el taoísmo las personas pueden adquirir conocimientos sobre el universo mediante la comprensión de sí mismos.

